Saltar al contenido

Cuento Ricitos de oro


Hace mucho tiempo, había una niña bonita que vivía en una casa cerca de un gran bosque. Su cabello era tan brillante, dorado y rizado que la gente la llamaba Ricitos de Oro.

Todos los días jugaba en el jardín y su madre se cansaba de advertirle constantemente: “¡No te metas en el bosque!”. Ricitos de oro a menudo se paraban al borde del mismo y miraban a través de los árboles. Estaba lleno de olores deliciosos, ruidos extraños y flores tan maravillosas.

Una mañana, antes del desayuno, Ricitos de Oro simplemente no pudo resistir las ganas de pisar el bosque y decidió caminar un poco y recoger un montón de campanillas. Luego, asombrada por todo lo que había allí, vio a una hermosa ardilla rojiza y comenzó a perseguirla, hasta que de repente, donde volteó para regresar a su hogar se dió cuenta que se había perdido en el bosque. Gritó y gritó … pero nadie respondió. Desesperada, comenzó a llorar y desesperarse.

Luego llegó al borde de una colina y vio una pequeña cabaña con techo de paja. “Qué suerte” dijo Ricitos de Oro. Golpeó reiteradas veces la puerta pero nadie respondió… hasta que de repente, la puerta se abrió sola. En el interior vio una gran mesa de madera y sobre ella había tres tazones: uno grande, uno de tamaño mediano y uno pequeño.

“Oh, tengo tanta hambre”, pensó Ricitos de oro entrando a la casa, “y no hay nadie aquí más que yo para comer toda esta sopa”.

Y probó primero del tazón más grande.

“Está es demasiado caliente”.

Entonces probó el tazón mediano.

“Ooh, está demasiado frío”.

Luego probó el tazón más pequeño, que estaba bien. De hecho, ¡sabía tan bien que se lo comió todo!

Mirando a su alrededor, vio tres sillas: una grande, una de tamaño mediana y una pequeña.

“Oh, estoy tan cansada y no hay nadie más que yo para sentarme en estas sillas”, se dijo.

Entonces se sentó en la silla más grande. Pero aunque se retorcía y se retorcía, no podía sentirse cómoda.

“Esta silla es demasiado grande”.

Entonces probó la silla de tamaño mediano. “Tampoco me queda cómoda.” dijo Ricitos de Oro.

Luego probó la silla más pequeña. Pero cuando se sentó, la pequeña silla cedió y se rompió en pedazos.

“Outch!” gritó Ricitos. Luego, subió las escaleras. En el dormitorio, encontró tres camas: una grande, una de tamaño mediana y una pequeña.

“Oh, tengo tanto sueño y no hay nadie aquí excepto yo para acostarme en estas camas”, pensó Ricitos de Oro.

Así que. se acostó en la cama más grande donde se sacudió y dio vueltas por un rato.

“No. no. Esta cama es demasiado dura”.

Luego se tumbó en la cama de tamaño mediana y casi que le gusta, pero no.

“¡Esta cama es demasiado blanda!”

Así que se acostó en la cama más pequeña y era justo lo que estaba buscando. De hecho, era tan cómodo que pronto se quedó profundamente dormida.

Mientras tanto, la familia que vivía en la cabaña regresó de caminar en el bosque. ¡Padre Oso, Madre Oso y Bebé Oso!

“Nuestra sopa ya debería estar lo suficientemente fría como para comerla”, dijo el padre oso.

“Eso espero, querida”, dijo la Madre Oso.

“Quiero llegar ya”, dijo El pequeño oso. “Estoy hambriento.”

Pero tan pronto como abrieron la puerta de la cabaña, vieron que algo andaba mal. ¡Sus tres cucharas habían sido sumergidas en los tazones de sopa!

“¡Quién ha estado comiendo de mi tazón!” rugió el padre oso.

“Del mío también”, gritó la Madre Oso.

“¡Y quién ha estado comiendo del mio!” se quejó el pequeño osito, “¡y se lo comió todo!”

“No importa”, dijo la Madre Oso. “Papá te dará un poco del de él. Vamos a sentarnos y comer”.

Fue entonces cuando notaron las sillas.

“¡Quién ha estado sentado en mi silla!” rugió el padre oso.

“¡Y quién ha estado sentado en mi silla!” exclamó Madre Oso.

“¡Y quién ha estado sentado en mi silla”, dijo el pequeño oso, “y encima la rompió en pedazos!”

Alarmados, los tres Osos comenzaron a merodear por la casa, buscando al ladrón que había comido la sopa del pequeño oso y le había roto la silla.

Lentamente subieron las escaleras. El padre oso fue primero, la Madre Oso fue segunda y su hijo fue tercero. Con su enorme pata, el padre abrió la puerta del dormitorio.

“¡Quién ha estado durmiendo en mi cama!” rugió él.

“¡Y quién ha estado durmiendo en mi cama!” exclamó la Madre Oso.

“Y quién ha estado durmiendo en mi cama”, gritó el pequeño. “¡Y todavía está allí!”

En ese mismo momento. Ricitos de oro se despertó y vio tres osos inclinados sobre ella: uno pequeño, uno mediano y uno grande.

“¡Aléjense! ¡Fuera!” gritó y saltó de la cama, salió por la ventana y no dejó de correr hasta que llegó al borde del bosque.

Allí estaba su pequeña casita y su madre en la cocina gritaba ansiosamente su nombre.

“¡Oh Madre! ¡Madre! ¡Fue horrible! ¡Fue terrible! ¡Fue terrible!” sollozó Ricitos de Oro, y ella le contó la historia de los tres osos.

La madre preocupada le secó las lágrimas y le dio a Ricitos de Oro un desayuno de pan y miel. Pero ella dijo con severidad: “Todos los días te digo que no entres en el bosque. Y ahora sabes por qué”.

“Lo prometo … nunca volveré a ir allí”, dijo Ricitos de Oro. “¡Nunca nunca nunca!”

Luego se comió tres rebanadas de pan y miel, una pequeña, una mediana y una grande.

Ricitos de oro (video cuento)

Valores del Cuento Ricitos de oro

Los valores que éste hermoso cuento nos enseña son la necesidad de respetar la privacidad y la propiedad ajena y cómo sus acciones pueden perjudicar o dañar a otros. Lo que Ricitos de Oro hace al ingresar a la casa de otra persona y usar sus cosas está mal. Ella no piensa en cómo sus acciones pueden dañar a los propietarios de la casa, incluso por un momento. Debería haber esperado a los dueños si realmente quería entrar a la casa.

Cuando ingresa a la casa de los osos y come su comida y usa sus muebles, también está siendo muy egoísta. El hecho de que pruebe todo, los tres tazones, las tres sillas y las tres camas ilustra lo egocéntrica que es.

Las acciones individuales pueden dañar a otros, especialmente cuando una persona usa o destruye la propiedad de otra persona. Además, la fábula popular subraya la importancia del autocontrol y el respeto a los demás.


Hasta aquí hemos llegado con el cuento de Ricitos de Oro y los tres osos. Si te has quedado con alguna duda o no has entendido la moraleja de dicha historia, no dude en escribirnos. Estaremos atentos a sus inquietudes y les responderemos a la brevedad.

Hasta pronto!!!